En las entrañas de la Villa de Aranda de Duero, capital de La Ribera, se encuentra una red de galerías conocidas como “las bodegas”, cuya finalidad, desde la Edad Media, fue la de almacenar las grandes cosechas de vino que vienen produciéndose en el término municipal.

   Se estima que esta ciudad dispone de más de 120 bodegas, todas ellas excavadas en una profundidad que oscila entre los nueve y los doce metros, ubicándose en el subsuelo del casco antiguo, sumando todas estas galerías más de siete kilómetros lineales. 
   No hay documentación o vestigio alguno que testifique el origen de su construcción y aunque hay quien apunta, que se llevaron a cabo entre los siglos XII y XIII otras teorías lo remontan a mucho antes, y esta afirmación se puede apoyar en los vestigios encontrados en la misma comarca del culto a Baco, dios romano del vino. Lo que no hay ninguna duda es que se trata de una gran obra de ingeniería y que cumplen a la perfección con los fines para los que fueron construidas: oscuridad, nivel de humedad constante gracias a la ventilación, sin producir corrientes de aire, que produce las entradas y zarceras, una temperatura entre los 11 y 13 grados, además de una ausencia de ruidos y vibraciones, características éstas que son fundamentales para conseguir unos buenos resultado en la elaboración de los vinos.
   Esta bodega, denominada de “Las Caballerizas” o “De Palacio”, es propiedad municipal y fue cedida por el Ilustre Ayuntamiento de Aranda de Duero para sede y desarrollo de actividades de la Asociación Cultural Peña Flamenca Piñana, cuyos socios han trabajado duro en la limpieza, saneamiento, reparaciones y puesta a punto. Dispone de varias galerías, una de ellas reforzada con bellos arcos de piedra y tiene la peculiaridad de tener otro acceso por una margen del río Bañuelos.

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